El calor y el sol como todos
los días era muy intenso, pero ese día (un sábado por
la mañana) se iba a poner más caluroso, porque íbamos a caminar
mucho y estar demasiado tiempo bajo el sol, pero todo por una buena causa,
visitar y conocer más sobre la población del caserío Chepito
Alto.
Aunque es un caserío que le
pertenece a Mórrope, decidimos ir por Mochumí, debido a que el tiempo para
llegar al pueblo era mucho más corto. Tomamos un colectivo y nos lanzamos a la
aventura, a ver que nos esperaba.
El camino era
agreste, no había un asfalto que impida los baches y que el viaje sea
más corto, pero igual disfrutamos del recorrido, porque la naturaleza
nos recibía, una naturaleza que no conoce el ruido y la vida agitada de la
ciudad; las inmensas chacras de arroz, plantaciones de diversas
especies hacían este viaje placentero y confortante.
El intenso sol que
irradiaba en Chepito era el primero en recibirnos, pero la frescura del lugar y
el poco viento que había, hacía que no sintiéramos mucho
el calor. El caserío era pequeño, la mayoría de casas
eran de adobe y quincha y estaban ubicadas alrededor de un pequeño parque
lleno de arena y un poco descuidado, los pocos pobladores que se encontraban en
el lugar eran las madres de familia, quienes estaban desarrollando las labores
del hogar, y un grupo de niños que jugaba y bailaba, los padres de familia en
su mayoría se encontraban en el campo, trabajando la tierra y
cuidando sus plantaciones de arroz, en otras palabras la mayoría de
familias viven de la agricultura y de la crianza de animales de corral.
Seguimos nuestro
recorrido y notábamos muchas carencias en la población, una de
ellas y muy importante es que no tenían una posta medica cercana,
la única que está a su alcance es la de Mochumí a 30 minutos o
Mórrope. Así que hemos decidido implementar una campaña radial donde
hablemos temas de salud y que la población sepa cómo cuidarse de las
distintas enfermedades que los asechan.
La población es
muy amable y atenta, nos recibieron cordialmente, y nos brindaban los
datos que queríamos conocer. El señor Carlos Rodolfo Cajusol Vidarte,
es el teniente del caserío, intentamos hablar con él, pero no se
encontraba en su casa pero para la próxima visita nos atenderá con muchísimo gusto,
eso fue lo que nos dijeron sus familiares.
A pesar de ser un pueblo
pequeño con aproximadamente 150 habitantes, cuenta con una
pequeña institución educativa, pero el problema es que solamente
estudian alumnos de primaria, los jovencitos que ya están en educación secundaria
tienen que caminar mucho tiempo para poder llegar a
su institución educativa que se encuentra a 30 minutos del poblado,
tienen que caminar porque no hay movilidad disponible a cada momento además de
que no cuentan con los recursos económicos como para poder
movilizarse en transporte público. También cuentan con una pequeña
aula para los niños de inicial, en ambas instituciones no solo estudian los
pobladores de Chepito Alto, sino también los niños de los poblados
aledaños.
Por las tardes los pobladores se divierten
un poco, después de un arduo trabajo en el campo, ellos cuentan con una
loza deportiva la cual en las tardes se llena de gente para poder
disfrutar del deporte, eso sí, en horas de la noche regresan a casa porque no
cuentan con alumbrado público. Es así como disfrutan los
pobladores de su día, trabajando y divirtiéndose.
Prometimos regresar pronto porque
esta travesía aun no acaba, recién ha iniciado.
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